Por Dr. Javier Figueroa — Mesa Apostólica · Bridge Network Ministries
La madurez como proceso continuo
«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.»
(Juan 14:6)
En el desarrollo de la madurez de los santos en Cristo, hay una importancia real que entendamos que no será un evento momentáneo ni esporádico. Será un proceso continuo de desarrollo, entrenamiento y expansión tanto del espíritu, del alma y del cuerpo.
Si vamos a dejar atrás las niñerías y la infancia ministerial, tendremos que comprender en nuestro más profundo ser la vida de Cristo en nosotros.
✦ «Cristo en nosotros es la esperanza de gloria.» — Colosenses 1:27
Tres áreas que vamos a trabajar
- Entender nuestra identidad propia y nuestro llamado, para poder tratar algunas de las fuerzas internas que podrían impedir nuestro desarrollo espiritual.
- Prepararnos y equiparnos en el desarrollo de las herramientas que Dios nos ha dado para comprender y cumplir con nuestros propios ministerios.
- Dejar las estructuras mentales religiosas y transicionar a un estilo de vida de Reino.
Cada uno de nosotros los que estamos en Cristo, ya tenemos en nosotros el poder y la capacidad para cambiar nuestro mundo.
Viene una gran transformación para los que son parte del Cuerpo de Cristo. El ministerio de los santos será manifestado muy pronto de una manera revolucionaria, porque mostrará a Cristo —y a Este resucitado—. La meta es formar vencedores.
«Ellos mismos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de testimonio que dieron; pues menospreciaron sus vidas hasta la muerte.»
(Apocalipsis 12:11)
«Al que venciere, le concederé que se siente conmigo en el trono.»
(Apocalipsis 3:21)
Sí somos «Reyes y Sacerdotes», pero no es en nuestra autoridad, sino desde la autoridad del Trono.
La madurez no llega así porque sí. Llega a través de instrucción —experiencias y entendimiento— y de la interacción espiritual. Hay una simplicidad en la vida de Cristo que debemos reconocer como iglesia; hay que recuperarla.
Pablo oraba:
«Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para que podáis conocerlo; que él ilumine los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a la que él os ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que creemos…»
(Efesios 1:17-19)
Primero: EL CAMINO
«Camino» trata de los asuntos de la vida que demuestran la plenitud de lo que somos: la forma en que vivimos, la forma en la que nos movemos. Nuestros caminos, decía el profeta Isaías, no son los caminos de Dios.
¿Cómo se mueve uno de su propio camino al camino de Dios? Siendo libre de las cosas que atan su alma y su cuerpo —aquellos que, como dice el apóstol Juan en Apocalipsis, «menospreciaron sus propias vidas hasta la muerte».
Solo los vasos plenos adquieren identidad propia y contienen ministerio y verdad suficiente para transformar su propio mundo. En el CAMINO, sanamos el pasado y al hacerlo se abren nuevas veredas para un futuro que conectará con la promesa de Dios.
Jesús dijo: «Los haré pescadores de hombres». El CAMINO es el área donde nos alineamos con Dios y estamos derechos con Él. Mientras alcanzamos plenitud, somos capaces de ser vehículos de sanidad, proveyendo a otros la influencia de amor y la fuerza ganada a través de nuestras luchas.
✦ El CAMINO es el lugar donde se altera la percepción. Necesitamos cambiar nuestra percepción para entender que Dios está no solo con nosotros, sino en nosotros.
Las cosas que me suceden en la vida tienen que ver con lo que Dios ha hecho en mí, y muy poco con lo que el llamado «enemigo» quiere hacer. Su propósito para nuestra vida es ayudar, cooperar y transformarnos en la imagen de Su Hijo Cristo. Dios está muy ocupado en nuestro bienestar y pone el querer y el hacer en nosotros por su buena voluntad.
Segundo: LA VERDAD
«No tengo mayor gozo que este: oír que mis hijos andan en la verdad.»
(3 Juan 1:4)
«Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»
(Juan 8:32)
No hay mayor gozo que ayudar a otros a que encuentren y caminen en verdad. Verdad es el conocimiento preciso de todas las cosas según Dios las conoce. Es —además de una forma de pensar— una persona: Jesús.
Verdad no es doctrina, ni una lista de credo, ni aun más, una revelación. Es una identidad aumentada en el conocimiento de Él. Es el Espíritu quien dirige y nos guía a la verdad. Las grandes verdades no son tanto las que compartimos como creyentes, sino las que hablamos individualmente a cada persona. Esta verdad debe traer preparación y libertad.
LA VERDAD es donde hablamos de lo que somos en Él. Una vez sanamos, somos vasos que contienen la VERDAD que trae liberación y nos permite estar listos para entrar a nuestro mundo. Quienes somos es suficiente si estamos en Cristo.
«Y ustedes han sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad.»
(Colosenses 2:10)
No necesitamos nada más allá de nuestro testimonio. Cada uno de nosotros es único e importante en lo que Dios quiere hacer y madurar en nuestro día. Nuestro valor no viene de quienes somos, de lo que hacemos o hemos alcanzado, sino de Quién es Él.
Todos fuimos llamados a ser santos. Ese es nuestro principal llamado, nuestro oficio sacerdotal. El ministerio de Dios para este mundo es el ministerio de los santos. VERDAD es un área revolucionaria porque nos transforma a nosotros y, al hacerlo, transforma también nuestro entorno.
Por último: LA VIDA
Una vez los santos están plenos bajo el CAMINO y son confirmados en su identidad y preparados por LA VERDAD, entonces el mundo se convierte en su lugar de ministerio. A esto se le llama LA VIDA: el lugar en donde los santos viven el verdadero cristianismo.
Aquí es donde la gente espiritual, que ha sido sanada y equipada, ofrece respuestas certeras y exactas a un mundo que está lleno de preguntas. Aquí es donde el cristianismo se prueba en el laboratorio: criar hijos, trabajar finanzas, enfrentar retos de salud —todo lo que los seres humanos enfrentan y luchan— se vuelve en una oportunidad ministerial para los santos que fueron transformados y equipados para servir en el mundo. Aquí es donde la vocación encuentra un lugar para la práctica.
✦ Somos la sal y la luz. Afectamos e influenciamos todo lo que tocamos. «Venid y ved.»
LA VIDA trata de quienes somos los santos en este mundo. Proveemos un vehículo para traer verdadera reforma. Es el lugar donde los santos manifiestan y se mueven a su propio destino en Dios. LA VIDA trata con el Reino. Es la influencia de los santos en el mundo.
La gente vendrá y verá la influencia de los santos mientras influyen y afectan el mundo en el que viven. En la ciencia, todo cambio que permanece debe comenzar en el nivel molecular. De la misma manera, los cambios permanentes en la sociedad no comenzarán en las instituciones o en los gobiernos humanos, sino en el corazón de las personas.
✦ Si el mundo va a conocer que Jesús el Cristo es el camino, la verdad y la vida —y que nadie va al Padre sino a través de Él—, entonces sus hijos debemos comprender a plenitud esa realidad primero.